Se me ocurrió este título en
particular para reflejar mi situación deportiva del fin de semana pasado, el
cual más que calificar de “fracaso”, lo llamo: Lección de vida.
Sí, una lección pues, confiándome
de mis habilidades y de mi comienzo glorioso en el deporte, decidí subir en
bicicleta el Cerro San Cristóbal. Para quienes no lo conocen, el cerro San
Cristóbal es uno de los lugares más siginificativos de la capital santiaguina,
siendo el más visitado por los chilenos y extranjeros para hacer deporte.
Tiene una altitud de 880 msnm.
Considerando que en oportunidades anteriores subía el Ávila – Waraira Repano –
de mi ciudad, Caracas, y la cual se ubica desde 120 a 2800 msnm, el Cerro San
Cristóbal no debería ser mayor problema para mí. Y en efecto, si bien es duro y
es muy buen entrenamiento, el Cerro San Cristóbal no debería ser mayor
problema.
Ir en bicicleta, es la maldición.
Aprendí a admirar a quienes logran llegar a la cima y sé que en algún momento
también lo haré. Pero esta situación me hizo caer en cuenta de que se necesita
una previa preparación para asumir un reto tan grande. Como dije antes, no me
sentí una fracasada por bajar de mi bici a los 800 metros, al contrario, me
sentí una persona consciente y, durante mi subida a pie, medité sobre lo que es
ponerse un verdadero reto.
Yo ahora tengo un reto claro:
Lograr llegar a la cima en bicicleta. Pero para eso, debo prepararme, contar
con el mejor equipo posible, es decir, “tunear” mi bici, y ponerme la meta clara:
Hoy, debo llegar a la cima y no abandonar cuando ya no tenga aliento.
De ese fin de semana y de ese
entrenamiento en particular, destaco la distancia que recorrí, tanto a pie como
en bicicleta por la ciudad. Luego de bajar del cerro, dimos vueltas por Santiago
y como anécdota, creo que de tanto rodar, ya no nos costará tanto llegar al
Parque Bustamante.



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